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Oleo
Sin embargo, la investigación pone de manifiesto que su impacto trasciende ampliamente el ámbito comercial.Según explica Enric Castelló, investigador del Departamento de Estudios de Comunicación de la URV y autor del trabajo, estas figuras "custodian un patrimonio alimentario que también es cultural y pueden convertirse en una palanca económica para el medio rural".Además de diferenciar productos en el mercado, las DOP e IGP desarrollan iniciativas educativas, gastronómicas y de divulgación que contribuyen a reforzar la identidad territorial y a mantener vivas las tradiciones ligadas a la producción agroalimentaria.Más de 20.000 productores integran la red catalana de calidad diferenciadaCataluña cuenta actualmente con 22 Denominaciones de Origen Protegidas e Indicaciones Geográficas Protegidas, que abarcan productos tan diversos como el aceite de oliva, el arroz, los quesos, los frutos secos, las frutas o los productos hortícolas.En conjunto, estas figuras representan a más de 20.000 productores y constituyen una de las principales redes agroalimentarias del territorio.Para desarrollar la investigación, Castelló entrevistó a 26 representantes de 21 DOP e IGP catalanas, además de realizar trabajo de campo para conocer de primera mano cómo estas organizaciones entienden su contribución al desarrollo económico, social y ambiental.El sector primario resulta esencial para conservar el territorioUno de los principales mensajes del estudio es la estrecha relación existente entre la actividad agraria y la conservación del paisaje.Las personas entrevistadas destacan que detrás de cada producto protegido existen explotaciones agrícolas, cooperativas, industrias transformadoras y familias cuya continuidad resulta imprescindible para mantener vivo el medio rural.La investigación sostiene que la permanencia de estas actividades favorece la fijación de población, impulsa el empleo local y preserva conocimientos tradicionales transmitidos durante generaciones.El abandono rural incrementa el riesgo de incendios forestalesEl trabajo también alerta sobre los desafíos estructurales que afronta el sector primario, entre ellos la falta de relevo generacional, la presión sobre la rentabilidad de las explotaciones, el incremento de los costes de producción, la competencia internacional y los efectos del cambio climático.Según el investigador, el abandono progresivo de la actividad agraria tiene consecuencias que van mucho más allá del ámbito económico.