Fuente:
El País
Lugar:
Queso
¿Qué tienen en común unos monasterios medievales de Emilia-Romaña con un banco de la zona fundado en 1910? Que ambos incluyeron la conservación alimentaria entre sus labores cotidianas. Cada uno a su manera y en su tiempo, monjes y banqueros han perseguido el mismo objetivo en el mismo lugar: beneficiarse de un producto singular; un queso capaz de mantenerse en buen estado durante años e incrementar su valor a medida que envejece. Este alimento, que aseguró la supervivencia monacal en el siglo XII, forma hoy parte del patrimonio gastronómico de Italia y protagoniza un modelo financiero tan peculiar que incluso ha sido caso de estudio en la Escuela de Negocios de Harvard. Seguir leyendo