Los hijos de Saturno

Fuente: Agronews Castilla y León
Lugar: hijos
El acuerdo que estos días firman la madrastra de los agricultores, me refiero a la UE, y países que no son precisamente un modelo administrativo, político o económico es una especie de traslación a folios con membrete de lo que en su día llevaran a lienzo o similar visionarios domésticos o foráneos como Goya o Rubens.
Hoy, no es un Dios de la mitología el que devora a sus hijos; es una administración no menos voraz que, en unos años, se ha cargado el trabajo de décadas; ha cancelado, como se dice ahora, el apasionante proyecto de unión exclusivamente económica, de libre comercio entre sus socios, y lo ha convertido en una suerte de tenia o solitaria que se nutre de aquellos a los que sangra.

Estos días, especialmente el pasado fin de semana, el pensamiento único se ha encargado de convencernos de las bondades del acuerdo. En los pocos minutos que no dedicaba, el pensamiento único, a criticar a Trump, se emitían reportajes sobre lo positivo del plan, reconociendo, eso sí, que agricultores y ganaderos salían perjudicados, pero vamos, que eso no es nada, una minucia, comparado con los beneficios de sectores como el vino y el aceite (que parece que no son agricultura) y el del automóvil.
Me cuesta mucho creer que el sector del automóvil pueda competir con los países hispanos, donde los salarios son de miseria, no existe el concepto seguridad social como aquí lo entendemos y los derechos laborales brillan por su ausencia. Por no hablar del roto que la Unión Europea ha provocado a las empresas de la automoción con sus manidas políticas energéticas y/o climatológicas.
Pero volvamos a nuestro sector, el campo. No parece que las condicionantes sean muy distintas a las de otros sectores, salvo que éste es más débil a la par que imprescindible. A saber, costes de producción de todo tipo muy superiores a los de África o Hispanoamérica, controles de calidad estrictos (justos y necesarios, por otra parte) y, en algunos casos, producción contingentada, vamos, como en la posguerra. Esto no es, ni de lejos, libre comercio, entre otras cosas porque, si el comercio es libre, no es necesario un acuerdo.
Lo dicho, Saturno, la vieja, vetusta Europa, devorando a sus hijos, especialmente a aquellos, como España, que ya son, desde hace años, contribuyentes netos.