Fuente:
Ecomercio
Lugar:
ECA OLIVE
El futuro del olivar pasa por producir con eficiencia, generar valor en el mercado y adaptarse a un entorno cada vez más competitivo y globalizado. Bajo estas premisas se desarrolló la tertulia final de la VII Tertulia BusinessAGRO del Olivar, celebrada en Ciudad Real, en la que representantes de organizaciones agrarias, instituciones internacionales, entidades financieras y cooperativas analizaron los principales desafíos que afronta el sector.
Bajo el título “Producción, sostenibilidad y comercialización: las nuevas reglas del juego del olivar”, el debate puso de relieve que la rentabilidad ya no depende únicamente de producir más, sino de producir mejor, diferenciarse y saber posicionar el aceite de oliva en los mercados.
Precios firmes e incertidumbre ante el acuerdo Mercosur
Florencio Rodríguez Medina, secretario general de ASAJA Ciudad Real, destacó que la actual campaña se presenta con perspectivas positivas en cuanto a precios, que previsiblemente se mantendrán firmes e incluso podrían aumentar. No obstante, advirtió de la incertidumbre que genera el acuerdo comercial con Mercosur.
Según explicó, la apertura a estos mercados puede ofrecer oportunidades a largo plazo, pero también plantea importantes riesgos debido a las desigualdades en las condiciones de producción. “Competimos con países que tienen costes mucho más bajos y menos restricciones, lo que genera una situación de clara desventaja”, señaló.
Además, recordó que los beneficios del acuerdo no se materializarían de forma inmediata, ya que su aplicación completa podría extenderse durante más de una década. En este contexto, insistió en la necesidad de garantizar que los agricultores —quienes sostienen el sector primario— reciban una compensación justa por su trabajo.
Esa misma idea de equilibrio estuvo presente en la intervención de Juan Antonio Polo Palomino, jefe del Departamento de Elaiotecnia y Medioambiente del International Olive Council (COI), quien planteó que la viabilidad futura del olivar depende de un triángulo inseparable: eficiencia, rentabilidad y sostenibilidad.
Con una superficie agrícola prácticamente estabilizada, el crecimiento del sector no vendrá de ampliar hectáreas, sino de mejorar la productividad y reducir costes. Pero hacerlo sin comprometer el medio ambiente ni la viabilidad social de las explotaciones.
Según explicó, producir más barato no significa producir peor, sino optimizar recursos, tecnologías y sistemas de cultivo. La sostenibilidad, insistió, debe entenderse en todas sus dimensiones, no solo la ambiental, sino también la económica y la social.
El cooperativismo como columna vertebral del sector
Si hay un actor clave en ese proceso de adaptación, ese es el tejido cooperativo. Juan Miguel del Real Sánchez-Flor director general de Cooperativas Agroalimentarias Castilla-La Mancha puso el foco en el peso del modelo cooperativo dentro del olivar regional, recordando que alrededor del 60 % de las almazaras de la comunidad autónoma son cooperativas.
Este tejido empresarial, señaló, debe desempeñar un papel clave no solo en la producción, sino también en la comercialización y en la adaptación a los nuevos hábitos de consumo. Entre los principales desafíos destacó el relevo generacional, que exige garantizar explotaciones rentables para atraer a los jóvenes.
Asimismo, defendió la necesidad de dimensionar y vertebrar mejor la industria almazarera mediante procesos de integración y colaboración entre cooperativas, con el objetivo de ganar eficiencia y capacidad de negociación en el mercado.
Si la producción es importante, la comercialización es decisiva. Así lo puso de manifiesto Alberto Marcilla López, director de Banca Rural de Globalcaja, quien señaló que el principal desafío del olivar no es solo producir aceite, sino saber venderlo y generar valor alrededor del producto.
Desde el punto de vista financiero, el sector necesita dimensionarse, mejorar su estructura empresarial y apostar por la formación para competir en un entorno global. La apertura a nuevos mercados y la conquista de nuevos consumidores serán factores clave para su crecimiento futuro.
En definitiva, el aceite de oliva debe dejar de competir únicamente en volumen o precio para hacerlo también en diferenciación y valor añadido.
Vender mejor, no solo vender más
Ese enfoque fue compartido por Paloma Sánchez Garrido, directora del Instituto de Promoción Exterior de Castilla-La Mancha (IPEX), quien subrayó que el mercado internacional no compra únicamente aceite, sino una propuesta de valor completa. La calidad del aceite de oliva virgen extra español es incuestionable, pero su posicionamiento depende de la capacidad para comunicarla y construir marca.
Desde el IPEX se insiste en que el objetivo no debe ser simplemente aumentar las exportaciones, sino hacerlo con mayor valor añadido, reforzando la identidad del producto y su reconocimiento en los mercados.
Un cambio de paradigma para el olivar del futuro
La tertulia concluyó con una sensación clara: el olivar se encuentra en pleno proceso de transformación. La sostenibilidad ya no puede separarse de la rentabilidad, la producción debe alinearse con el mercado y la comercialización se convierte en un factor estratégico.
Las nuevas reglas del juego pasan por integrar eficiencia productiva, dimensión empresarial, diferenciación comercial y apertura internacional. Solo así el sector podrá mantener su competitividad en un escenario global cada vez más complejo.
En definitiva, el futuro del olivar no depende únicamente de cuánto se produzca, sino de cómo se produzca, cómo se organice el sector y, sobre todo, de cómo se posicione el aceite de oliva ante un consumidor cada vez más exigente.
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