La agricultura de carbono gana peso en el olivar mediterráneo como herramienta frente al cambio climático

Fuente: Oleo
Empirical evidence from Mediterranean Portugal”, ha sido desarrollada por investigadores del Instituto Universitario de Investigación en Olivar y Aceite de Oliva de la Universidad de Jaén y analiza el comportamiento de seis explotaciones olivareras situadas en la región portuguesa del Alentejo.Los aportes de carbono pesan más que el modelo de manejoEl trabajo compara olivares gestionados bajo sistemas integrados, ecológicos y biodinámico-orgánicos, diferenciando además entre explotaciones con bajos y altos aportes anuales de carbono al suelo.Los resultados muestran que el factor más determinante para mejorar el balance de carbono no es tanto el tipo de certificación agrícola como la capacidad del sistema para incrementar los aportes orgánicos al suelo mediante biomasa, restos de poda, cubiertas vegetales o compost.Los olivares con mayores aportes de carbono registraron balances positivos cercanos a +1 Mg de carbono por hectárea y año, mientras que las explotaciones con menores aportes presentaron resultados mucho más variables, incluyendo pérdidas netas de carbono en algunos casos.El olivar reduce de forma significativa sus emisiones netas de CO₂El estudio revela además que las emisiones derivadas de las operaciones agrícolas, como fertilización, uso de maquinaria o riego, se mantienen relativamente estables entre modelos productivos, con valores situados entre 3.200 y 3.400 kilogramos de CO₂ equivalente por hectárea y año.Sin embargo, cuando se incorpora el efecto del secuestro de carbono generado por el suelo y la biomasa arbórea, las diferencias son sustanciales.Los olivares con mayores aportes orgánicos redujeron sus emisiones netas hasta aproximadamente 140 kg de CO₂ equivalente por hectárea y año, frente a los cerca de 1.650 kg registrados en explotaciones con bajos aportes de carbono.Según los investigadores, estos resultados evidencian que determinadas prácticas de manejo sostenible permiten compensar gran parte de las emisiones inevitables asociadas a la actividad agraria intensiva.Cubiertas vegetales y restos de poda como herramientas climáticasEntre las estrategias agronómicas más eficaces identificadas por el estudio destacan la incorporación al suelo de restos de poda triturados, el uso de cubiertas vegetales espontáneas y la aplicación de compost orgánico procedente de almazara.Estas prácticas favorecen el aumento del carbono orgánico del suelo, mejoran la estructura edáfica, reducen la erosión y aumentan la capacidad de retención hídrica, factores especialmente relevantes en regiones mediterráneas sometidas a estrés climático.Los autores subrayan además que, una vez superados determinados umbrales de acumulación de carbono, por encima de 3,5 Mg C ha⁻¹ año⁻¹, los olivares pueden actuar como sumideros netos de carbono de forma sostenida.El olivar se posiciona ante los futuros mercados de carbonoLa investigación también apunta al potencial económico de la agricultura de carbono en el sector oleícola.