Fuente:
El Periódico de la Energía
Lugar:
Startups & Innovación
Michael Ethan Gold aporta una perspectiva única al debate energético actual. Con una intensa trayectoria que incluye su etapa como Managing Editor de The Economist en San Francisco, Gold ha vivido en el epicentro de la innovación tecnológica antes de establecerse en Barcelona. Actualmente, compagina su labor como consultor de comunicación estratégica en Repower.world y fundador de la agencia de "thought leadership" en energía Ramblaslabs, con la producción del podcast Climate Swings, un espacio de referencia dedicado a la acción y la tecnología climática.
Su experiencia cubriendo el sector le ha permitido entrevistar a figuras clave, desde ex-ingenieros de Google hasta líderes globales del movimiento climático. Especializado en analizar la "policrisis" contemporánea (donde convergen el clima, la desigualdad y la geopolítica), Gold se centra en retos críticos como el movimiento del talento tecnológico hacia el hardware energético, la ética de la IA frente a su consumo masivo de recursos y la complejidad de comunicar avances técnicos en una audiencia saturada de promesas vacías. En esta entrevista, ofrece su visión personal sobre el futuro del sistema energético.
Pregunta: En España existe un gran debate sobre la necesidad de impulsar la demanda eléctrica para justificar el despliegue de renovables. ¿Cómo ve esta paradoja? ¿Apuesta por la electrificación de la industria y el transporte como prioridades?
Respuesta: La electrificación es una tendencia masiva que ocurre en paralelo al despliegue de renovables en todo el mundo. Básicamente, si miramos al consumidor final (hogares, coches o empresas que fabrican acero o químicos), todo está girando hacia la electricidad. Para que la capacidad de las renovables sea absorbida de forma eficiente, necesitamos un mayor "tirón" de la demanda (demand pull) que acompañe al empuje de la oferta (supply push) en todos los sectores de la economía. Solo así lograremos una salida definitiva de los combustibles fósiles.
Este cambio de paradigma es lo que eventualmente nos permitirá descarbonizar el sistema por completo. Aunque los plazos varíen según a quién preguntes, es inevitable que el panorama cambie radicalmente. El sistema energético de los próximos diez o treinta años será irreconocible comparado con el de hoy, ya que la integración total de la demanda eléctrica industrial y doméstica redibujará las reglas del mercado.
Los centros de datos se presentan como motores económicos, pero también como consumidores masivos. ¿Debería España priorizar su instalación a pesar de la presión sobre la red?
Hay que equilibrar pros y contras. Los centros de datos estimulan la economía digital y son vitales en la carrera de la IA. Por seguridad, no quieres que el entrenamiento de tus modelos de IA ocurra a miles de kilómetros o en otros continentes. Pero es cierto que consumen mucha electricidad y se enfrentan a un laberinto burocrático. Elon Musk, por ejemplo, está intentando construirlos en el espacio para obtener energía solar ilimitada y evitar permisos, pero eso es algo a muy largo plazo. Aquí en la Tierra, debemos buscar un equilibrio: incentivar que estos centros suministren su propia capacidad, ya sea con baterías o plantas renovables propias, para no sobrecargar la red pública.
Relacionado:El Gobierno abre la puerta a que los centros de datos se conviertan en consumidores electrointensivos en EspañaEn su podcast menciona la "policrisis" y los riesgos de la IA. ¿Cómo equilibramos su potencial para optimizar redes inteligentes con su inmenso consumo de recursos?
El concepto de "policrisis" es fundamental para entender el presente, ya que analiza la interconexión profunda entre el clima, la desigualdad social, los riesgos de la IA y las fracturas geopolíticas. En el sector energético, la IA está ayudando enormemente mediante la optimización de redes inteligentes, realizando previsiones de mantenimiento y demanda con una precisión antes impensable. Sin embargo, el gran dilema es si estamos creando un "monstruo" cuya infraestructura devorará los mismos beneficios climáticos que promete.
Actualmente, existen visiones muy polarizadas: desde quienes creen que la IA es la clave para una economía regenerativa hasta quienes temen que acelere el colapso de recursos. Referentes como Eugene Kirpichov, a través de iniciativas como Work on Climate, exploran precisamente cómo poner estas herramientas al servicio de la sostenibilidad. Es un escenario volátil donde el potencial para hacer el bien es inmenso, pero el coste energético de su infraestructura propia sigue siendo una preocupación crítica que no podemos ignorar.
Silicon Valley en áreas donde antes no era tan común, especialmente en subsectores críticos como el almacenamiento de energía de larga duración, la captura de carbono, la fusión nuclear y la gestión de redes inteligentes. Traen consigo una mentalidad de "crear desde cero" y escalar soluciones rápidamente, algo que está transformando sectores que tradicionalmente se movían a ritmos más lentos.
Relacionado:El gigante verde y negro: por qué China domina las renovables sin dejar el carbónSilicon Valley parece pivotar hacia el hardware, pero China domina la fabricación. ¿Corre Europa el riesgo de ser solo un "regulador" mientras otros fabrican?
El viejo paradigma de "Estados Unidos innova, China copia y Europa regula" ya no es cierto. Ahora todos copian, todos regulan y todos innovan. Sin embargo, hay que reconocer que la innovación real en tecnología climática (viento, solar, baterías) está ocurriendo en China a través de la optimización manufacturera. Han logrado reducir costes mediante el ensayo y error en las fábricas, no en un sótano de Silicon Valley. La innovación que tiene el mayor impacto hoy es la de fabricación, y ahí China lleva ventaja tras 40 años siendo la fábrica del mundo.