Fuente:
Revista Mercados
Lugar:
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En Clisol, el invernadero es mucho más que una estructura de plástico, es el escenario de una historia familiar que ha echado raíces durante tres generaciones. Como directora, hablo con la serenidad de quien ha aprendido a equilibrar la tradición y la innovación sin perder de vista lo esencial: los valores que me han llevado, junto a mi familia, a lo que hoy es la empresa que dirijo.
Valores
Los valores familiares para nosotros son fundamentales. En el corazón de Clisol late una empresa 100% familiar, una microempresa con 2,2 hectáreas de terreno, donde la transmisión de esos valores ha sido clave desde mis padres hasta nuestros hijos, que ya están incorporados en el sector.
Esos valores se los transmitimos a todo el que pasa por Clisol. Somos pioneros en mostrar al mundo el modelo agrícola de Almería, y llevamos 24 años abriendo nuestras puertas a visitantes, técnicos, profesores y estudiantes de todo el mundo. No solo enseñamos técnicas de cultivo, sino también nuestras historias de vida. Nuestros proveedores y clientes nos conocen, saben cómo trabajamos y cuáles son nuestros valores, y eso nos une fuertemente.
“El objetivo no es crecer sin medida, sino vivir dignamente de lo que hacemos”
Dirección
La propiedad de Clisol es completamente familiar, y así queremos mantenerla. Las decisiones sobre qué plantar, a quién vender o qué parte de la finca dedicar a la cooperativa las tomamos por consenso familiar, pero siempre escuchando a los técnicos. En Clisol no se decide algo en un día: se madura poco a poco.
En nuestra “casa”, las decisiones se toman hablando. Cuando hay ideas distintas, paramos, nos sentamos y cada uno expone la suya. Es hablar, hablar y hablar, hasta llegar a un consenso.
Considero que las cooperativas tienen un papel esencial en la vida agrícola de Almería. Son el reflejo del tejido agrícola: entes democráticos, donde un socio equivale a un voto. Y, además, son nuestro canal para entender las políticas europeas. Gracias a ellas, estoy al día de las exigencias del sector y podemos adaptarnos a tiempo.
La tercera generación
Me llena de orgullo y emoción hablar de la continuidad de nuestra empresa familiar. Hemos tenido la suerte de que nuestros dos hijos, hayan querido quedarse en el sector. Uno trabaja en la finca y el otro en investigación, pero ambos están vinculados al campo.
Su incorporación ha sido muy poco a poco. Desde que estudiaban ya estaban implicados en la finca, y cuando terminaron su formación lo tuvieron claro, querían seguir el legado familiar. Hay diferencias generacionales, claro. Ellos entienden la tecnología de otra manera, la digitalización forma parte de su lenguaje. Pero nos complementamos, nosotros aportamos experiencia; ellos, innovación y herramientas nuevas. Son el presente y el futuro de la finca.
“Mi pasión está en mirar a los ojos a quien nos visita y enseñarles lo que hacemos”
Innovar
Tengo una visión clara sobre los retos de la agricultura familiar. Aprecio muchas ventajas, la transmisión de experiencia, de valores, de una forma de entender la tierra. Pero también es cierto que el tamaño de las explotaciones puede ser un problema a la hora de incorporar tecnología.
En Clisol hemos invertido en innovación: recirculación de agua, invernaderos semiactivos con control climático, control biológico de plagas… Llevamos más de 20 años apostando por la tecnología, pero el tamaño de las explotaciones familiares condiciona mucho. Antes, con 1,5 hectáreas se podía vivir; hoy hacen falta al menos 3 hectáreas para mantener la rentabilidad.
Esa presión está provocando una criba en el sector. Probablemente, en unos años seamos menos agricultores familiares y con empresas más dimensionadas. Lo importante es que sigamos siendo agricultura familiar, rentable, social y medioambientalmente sostenible.
Crecimiento sí, pero con sentido
Cuando me preguntan por la entrada de capital inversor, no tengo dudas, no nos lo planteamos. Perderíamos el control y los valores. Nuestras decisiones se toman en familia, a veces incluso en una comida de domingo.
Eso no significa cerrarnos a colaborar con otros. Si surgen proyectos con otras empresas familiares que beneficien a todos sin perder la independencia, ahí estaremos.
Mi visión del crecimiento rompe esquemas. Siempre me he considerado una empresaria normal, pero muy romántica. Hago una actividad que me apasiona y que me permite vivir dignamente. Nunca he querido crecer por crecer.
Recuerdo que, tras seis o siete años de empezar con las visitas a los invernaderos, tuve la oportunidad de expandirme, contratar más equipos y abrir nuevas fincas. Pero tomé una decisión: mi pasión está en mirar a los ojos a los clientes, a los turistas, a los técnicos, a los niños, y enseñarles lo que hacemos. Si hubiera crecido demasiado, habría acabado gestionando, y eso me habría matado profesionalmente.
Por eso, en Clisol, el crecimiento tiene límites humanos y éticos. Crecemos lo justo para vivir mejor, para tener tiempo libre, para disfrutar de la familia. No aspiro a ser una empresa “gacela” que crece un 200% al año. Prefiero ser una empresa feliz.
Para mi, el objetivo no es crecer sin medida, sino vivir dignamente de lo que hacemos. Pensar en el bienestar de las personas, en el bien común y en el medio ambiente. Ese es el futuro que quiero para mis hijos y mis nietos.
La entrada “Ser una empresa familiar no es una limitación, es nuestro mayor valor” Lola Gómez, CLISOL se publicó primero en Revista Mercados.