Fuente:
Digitales.es
Hay una parte del Summit que apenas aparece en las crónicas. Empieza mucho antes de que se enciendan las luces y termina bastante después de que se apaguen.
Más de seis meses de preproducción, entre 20 y 30 reuniones de coordinación y decenas de horas de trabajo para diseñar cada detalle: desde el seating y protocolo de 120 autoridades — que Carmen y Pelayo ajustaron y reajustaron hasta el último momento — hasta los tiempos de cada intervención, medidos al minuto.
Cuando el primer asistente cruzó la puerta de la Real Fábrica de Tapices, el equipo técnico que dirigía Juan Carlos ya llevaba 22 horas de montaje y pruebas.
Mercedes supervisó que todo estuviera preparado para que cada intervención se escuchara y se viera sin fisuras.
Quince profesionales de sonido, iluminación y vídeo, tres personas de producción y más de diez especialistas en escenografía hicieron posible que todo sucediera con la naturalidad con la que lo vivieron los asistentes.
El concepto creativo y el guion que dieron identidad al Summit nacieron del trabajo y equipo de Payo, y fue Patty la encargada de ir hilando el baile de intervenciones, transiciones y presentaciones, cuidando que todo encajara en su sitio.
En la entrada, Esmeralda, con ayuda de Diana, Carmen O. y un pequeño ejército de jóvenes azafatas y azafatos, gestionaron el registro de los más de 900 acreditados.
Mientras cuatro cámaras filmaban cada intervención, el contenido se editaba en tiempo real para publicarse en YouTube apenas unos minutos después. Detrás de esa inmediatez hubo más de 15 horas de grabación, más de 40 equipos de iluminación y más de 150 horas de trabajo dedicadas a preparar los elementos audiovisuales y digitales que se vieron en el evento.
Jonathan, David y Adrián capturaron con sus fotos todo lo que sucedía dentro y fuera del escenario. Rocío pilotó el «operativo» de comunicación, con Patricia, Gonzalo y el equipo de redes sociales de Sergio, Noelia, Yago y Cami desplegados en todos los frentes: decenas de reels y posts, cinco notas de prensa y la atención a más de veinte periodistas acreditados. Todo para que lo que ocurría dentro llegara también a los que no pudieron estar.
Aún así, probablemente lo mejor no quedó grabado por ninguna cámara. Fueron las conversaciones que surgieron en los pasillos, durante un café o en el almuerzo solidario con el Padre Ángel.
Coordinando todos los hilos del evento estaba Ana, pendiente de que cientos de pequeños detalles terminaran funcionando como uno solo.
Javier, Beatriz y Miguel —director general y jefe de todo— completaron un equipo que durante meses trabajó para que cada pieza encontrara su sitio.
Ésta es, probablemente, la paradoja de cualquier gran evento: cuanto mejor sale, menos se nota todo lo que ha hecho falta para que suceda.
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