5 ideas que nos dejó DigitalES Summit 2026

Fuente: Digitales.es
Lugar: DigitalES Summit
En el Summit de DigitalES se trataron muchas cosas. Pero hubo una serie de ideas que aparecieron una y otra vez, desde perspectivas muy distintas. Las hemos reunido en estas cinco claves.
1. Cuanto más avanza la tecnología, más valor adquieren las capacidades humanas
Nadie esperaba que un Summit sobre el futuro digital empezara dos millones de años atrás. Pero funcionó. Porque antes de hablar de tecnología, hacía falta recordar para qué sirve.
Nacho Martínez Mendizábal, codirector del yacimiento de Atapuerca y Premio Príncipe de Asturias, abrió el Summit con una imagen: los seres humanos somos «un mono poético»: una especie que imagina el futuro antes de construirlo, que disfruta de la belleza y las ideas, y que tiene algo que ningún algoritmo puede replicar todavía: propósito.
Federico Linares, presidente de DigitalES, lo llevó al terreno de la competitividad: la rebeldía, la imaginación y la capacidad de anticipar el proceso antes de que ocurra no son rasgos nostálgicos. Son la ventaja diferencial de la especie humana frente a cualquier tecnología.

Lo desarrolló también la directora del Laboratorio de Gobernanza de la IA para la Humanidad de Naciones Unidas, Ana García Robles: «esto no es innovación vs derechos humanos: cuanto más integremos los principios humanistas desde el diseño, más capacidad de innovación tendremos».
El rector de la Universidad Politécnica de Madrid Óscar García introdujo una idea que invierte la lógica habitual: ahora que la IA pone el conocimiento al alcance de cualquiera, la universidad por fin puede dedicarse a lo que más importa. No a transmitir información, sino a enseñar a pensar. Cuanto más avanza la tecnología, más urgente se vuelve desarrollar las capacidades que ella misma no puede darnos.
Mario Santiago, de Infojobs, lo resumió así: «se contrata por el currículum, pero se despide por el comportamiento.» En un año, la demanda de soft skills en las ofertas de empleo creció un 25%. Cuanto más avanza la tecnología, más pesan las capacidades que no se pueden automatizar.
2. La IA ya no es una promesa tecnológica. Es una responsabilidad compartida.
Durante años, la inteligencia artificial se presentó como una tecnología capaz de cambiar el mundo. En DigitalES Summit 2026 nos preguntamos qué ocurre cuando una tecnología deja de ser una novedad para convertirse en una infraestructura esencial para la sociedad.
María González Veracruz, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, resumió ese cambio con una idea que marcó todo el debate: «La inteligencia artificial es una nueva infraestructura de ciudadanía. No es un lujo, no es una aplicación que nos instalamos, no es un juguete.» Como en su día ocurrió con el agua, la electricidad o la sanidad, garantizarla es una responsabilidad de Estado.
El ministro Óscar López defendió que el reto ya no consiste en elegir entre innovación o regulación, sino en construir un marco que permita desarrollar la inteligencia artificial con seguridad, confianza y capacidad de crecimiento. Ese mismo mensaje lo reforzó Renate Nikolay, de DG CONNECT, al advertir que Europa no puede limitarse a consumir inteligencia artificial desarrollada por otros; debe convertirse también en creadora de esa tecnología.
Pero el debate fue más allá de la política industrial. Ana García Robles, de Naciones Unidas, recordó que gobernar la inteligencia artificial no consiste solo en aprobar normas, sino en incorporar los derechos humanos y los valores democráticos desde el propio diseño de la tecnología.

La conversación terminó trasladando el foco a las personas. Mateo José Cámara, Doctor en IA, advirtió del riesgo de utilizar la inteligencia artificial como un atajo para dejar de aprender, mientras que David Arconada, Presidente Asociación DEC MX / BBVA recordó que, precisamente porque la tecnología será cada vez más inteligente, el liderazgo humano será cada vez más importante. La IA podrá automatizar procesos y multiplicar la productividad, pero seguirá necesitando criterio, responsabilidad y capacidad de decisión.
Ese fue, probablemente, el gran consenso del Summit: el verdadero reto de la inteligencia artificial ya no es tecnológico. Es cómo ponerla al servicio de las personas y de la sociedad.
3. Las infraestructuras invisibles son la condición de todo lo visible
Cables submarinos, satélites, centros de datos, espectro radioeléctrico o energía. Lo que casi nadie ve es, precisamente, lo que sostiene toda la economía digital.
Hay una paradoja en el corazón de esta revolución tecnológica: cuanto más sofisticadas son las aplicaciones que utilizamos, más dependen de infraestructuras invisibles. La inteligencia artificial necesita redes, capacidad de computación y conectividad mucho antes de escribir una sola línea de código.
Matías González, secretario general de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, lo verbalizó así: «Lo invisible no puede ser secundario. Estas infraestructuras sostienen la vida digital, la economía, la seguridad y nuestra capacidad de competir.» Y Esther Garcés, de Islalink, dejó una de las imágenes más potentes del Summit al definir los cables submarinos como «el sistema circulatorio que hace que todo nuestro sistema funcione».

La conversación fue ampliando el foco. Alfonso Álvarez, de Cellnex, recordó que Europa necesita movilizar 475.000 millones de euros para desarrollar sus infraestructuras digitales y advirtió del error histórico de haber tratado las telecomunicaciones como un servicio, y no como una infraestructura estratégica.
El ejemplo más cercano de lo que ocurre cuando la regulación incentiva la inversión en infraestructura lo aportó Marius Varzaru, de Digi España: el modelo español de acceso abierto ha favorecido el despliegue de redes, la competencia y la creación de más de 11.000 empleos en ocho años. Una demostración de que las infraestructuras invisibles también se construyen con decisiones regulatorias.

Más allá del presente, Ignacio Gallego, de Nokia España, proyectó en otra de las intervenciones ese reto hacia el futuro: las redes tienen que transformarse para soportar una demanda de IA que crecerá de forma exponencial. «La pregunta no es si hay que hacerlo o no, sino si vamos a ser capaces de hacerlo a la velocidad y a la escala que la nueva economía digital demanda.»
Por su parte, Julia Velasco, de Vodafone España, anunció el despliegue de conectividad satelital directa al móvil con una imagen tan sencilla como reveladora: «Donde veas el cielo, habrá cobertura.» Un mensaje que conecta con la intervención de Juan Carlos Cortés, director de la Agencia Espacial Española, quien apuntó aún más lejos: «La Tierra es una economía digital. La Luna también lo será. Y la diferencia es clara: la economía lunar será una economía nativa digital, construida con elementos digitales desde el principio.»
4. Las reglas importan. La cuestión es cómo se diseñan.
Uno de los consensos más claros del Summit fue que innovación y regulación no son conceptos enfrentados. Al contrario: sin un marco estable, predecible y armonizado resulta mucho más difícil invertir, innovar y competir.
Ángel García Castillejo, vicepresidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), lo resumió con una idea sencilla: sin confianza no hay inversión, y sin inversión no hay una economía digital sólida. Una reflexión que conectó con buena parte de los debates celebrados durante las dos jornadas.
José Ignacio Torreblanca del European Council on Foreign Relations (ECFR), fue incluso más allá al cuestionar una de las narrativas más extendidas en los últimos años: «La narrativa de innovación contra regulación beneficia precisamente a quienes buscan mantener posiciones dominantes de mercado.» Regular mejor, defendió, no significa poner límites a la innovación, sino crear las condiciones para que pueda desarrollarse con seguridad, competencia y reglas de juego comunes.

Ese mismo mensaje apareció en otros debates del Summit. Desde la conversación sobre ciberseguridad, Alba Arqueros, consejera técnica del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, destacó que más de 122.000 ciber incidentes fueron atendidos en un solo año “cada uno, una pequeña arritmia en el latido digital”. Una cifra que recuerda por qué la protección de ciudadanos, empresas e infraestructuras críticas no puede depender de marcos fragmentados.
Desde la perspectiva empresarial, Carmen González Gens, de Huawei España, recordó que, en un contexto geopolítico cada vez más complejo, la regulación solo generará confianza si se apoya en criterios «transparentes, objetivos y puramente técnicos, no geopolíticos». Un planteamiento que pone sobre la mesa uno de los grandes equilibrios que Europa deberá gestionar en los próximos años: reforzar su autonomía estratégica sin renunciar a un marco regulatorio predecible y basado en reglas comunes.
Juan Oliveira, de Ericsson España, planteó una visión muy distinta. A su juicio, el orden internacional basado en la confianza ha dado paso a un escenario de competencia geopolítica entre grandes potencias. «Cuando veo estrategias tecnológicas de los grandes gigantes mundiales, estoy viendo geopolítica.», algo que «entristece» a quienes trabajan en la industria, pero defendió que, cuando se trata de infraestructuras críticas, la elección tecnológica ya no puede responder únicamente a criterios técnicos o económicos: es también una decisión de seguridad nacional y de soberanía.
5. Soberanía tecnológica: más capacidad para competir, menos vulnerabilidad y menos repliegue
La conversación sobre soberanía tecnológica lleva años instalada en Europa. En DigitalES Summit la pregunta fue: ¿por qué Europa, con su talento, su capacidad científica y su tejido industrial, sigue teniendo dificultades para competir a la escala de otras regiones?
Renate Nikolay, directora general adjunta de DG CONNECT, puso cifras a ese desafío: más del 70% del mercado europeo de cloud está en manos de proveedores no europeos y Europa produce menos del 10% de los semiconductores del mundo. Borja Ochoa, presidente de Telefónica España, añadió otro dato revelador: apenas el 2% de los datos europeos se almacenan en plataformas cloud de proveedores europeos.

Sin embargo, el diagnóstico compartido durante el Summit fue que el problema no es la falta de innovación. Es la dificultad para convertir esa innovación en capacidad industrial, inversión y escala.
Daniel Calleja, de la representación en España de la Comisión Europea, fue el primero en desmontar un equívoco muy extendido: «Hay que huir del error de interpretar la soberanía tecnológica como una estrategia de repliegue. Europa no busca aislarse ni levantar muros digitales.» La cuestión es garantizar que la apertura no se convierta en vulnerabilidad y que la interdependencia no derive en dependencia.
Meinrad Spenger de MasOrange explicó por qué Europa juega con desventaja: “un operador europeo tiene de media 5 millones de clientes; en Estados Unidos, 100 millones; en China, 500 millones.” Y Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, señaló el mismo problema desde el flanco interno: España invierte en I+D el 1,5% del PIB frente al 2,2% de media europea. Europa no tiene un problema de innovación. Tiene un problema de escala.
El problema de escala no es solo industrial. Antonio de Luis Acevedo, director general de FundaE, señaló que España está atravesando tres revoluciones simultáneas — demográfica, tecnológica y de modelo productivo — y que el talento está en el centro de las tres. Europa forma talento que después trabaja en Berlín o San Francisco. Ganar escala también significa saber retenerlo.
Al final, el debate terminó hablando más de escala que de fronteras o proteccionismo. Fue una invitación a crecer: ganar tamaño, invertir más, eliminar la fragmentación que convierte un mercado de 450 millones de consumidores en 27 mercados distintos, y transformar el conocimiento en capacidad real para competir.

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Si hay un hilo que une estas cinco ideas es que ninguna de ellas es puramente tecnológica. Todas hablan de personas, de decisiones, de valores y de la capacidad de un país y de un continente para construir su propio futuro digital. Eso es, en el fondo, lo que lleva nueve ediciones analizando el DigitalES Summit.
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