Fuente:
Agronews Castilla y León
Lugar:
dos
Apenas unas semanas después de la firma de Mercosur y en plenas movilizaciones por el controvertido acuerdo, la Unión Europea rubrica otro pacto comercial, ahora con la India. El mensaje al campo parece claro: “Si no quieres arroz, dos tazas”.
Es verdad que, entre uno y otro acuerdo, por las características de los abajo firmantes, hay sustanciales diferencias pero los efectos en los diferentes sectores de la economía pueden ser igualmente devastadores. Ítem más, en el caso de Mercosur nos decían que la automoción, uno de los sectores clave de la economía de algunos países de la UE, los beneficios eran incuestionables. Ahora, nos encontramos ante un país, la India, también productor de automóviles, a bajo coste, por salarios, por calidad técnica, por mecánica… ¿A qué recio van a entrar en Europa? En la España del automóvil, en la Castilla y León que vive, aún, de la automoción.
Sin embargo, en este acuerdo como en el anterior, lo mejor son las explicaciones del pensamiento único. No han podido ser más simples, algo así como el mecanismo de un chupete: es que la India, dicen de terminal en terminal es el país más poblado del mundo. Ya. ¿Y qué? Es el más poblado pero no es precisamente el más rico por mucho que a la casta siga siendo la casta y surja una incipiente clase media. Pero vamos, que pobres desnudos pidiendo rupias por las calles, a millones, y no nos van a comprar las lentejas de Tierra de Campos, ni los garbanzos de Fuentesaúco. Mucho menos nuestros coches.
A nadie se le escapa que, detrás de este acuerdo, una muesca más en el revólver de Úrsula von der Leyen, late la obsesión por derrotar, digo derrotar, no competir, a Donald Trump. Digo Donald Trump y no Estados Unidos. Y, mientras Von der Leyen rumia su venganza por no se sabe qué, Trump y una parte de la vieja y moderna América luchan contra el verdadero enemigo, China, cada vez más subida en el machito del capitalismo sin coste, es decir, el mercado de salarios ínfimos, nulas aportaciones sociales, ausencia de sindicatos y falta de derechos laborales. Así vendemos todos barato, claro. Con el precio en inglés, decía la canción.
Escribía hace un par de semana que la UE es una especie de Saturno empeñado en devorar a sus hijos, a sus socios. Y lo hace de la manera más burda posible, a saber, firmando acuerdos con quienes no forman parte de la Unión para beneficio no exclusivo, pero casi, de terceros.
Porque, si nos ponemos estupendos, vale, sí, defendamos el libre mercado, que es para lo que nación la inicial Comunidad Económica Europea, pero para defenderlo entre los socios. El mundo evoluciona, sí; el globalismo es imparable, pues también. Pero, precisamente porque el globalismo es imparable y porque defendemos el libre mercado, ¿para qué son necesarios los acuerdos? Eliminemos del todo las barreras, sean físicas o fiscales, y abramos el comercio a todos los países sin excepción, no sólo a los de Mercosur y a la India. Ya saben, o jugamos todos, o tiramos a la señora al río (en sentido meramente literario, por supuesto)