Fuente:
CIAL. Instituto de Investigación de Ciencias de la Alimentación
Lugar:
Ciencia y Sociedad
La investigadora Carolina Muñoz guía la mano de una estudiante por un maniquí anatómico para mostrarle las partes del cuerpo involucradas en la percepción de los alimentos.
“Hay niños que nunca han tocado un pez o un mejillón”, explica el coordinador del equipo de especialistas en Ciencia de la ONCE, Jaime Muñoz Carenas. “Puede que sepan hacer una descripción acertada, pero si nunca se lo has puesto en la mano…”, añade por encima del bullicio de un centro de estudios en un día especial. En las aulas contiguas, veinte estudiantes de Segundo a Cuarto de la ESO con discapacidad visual abren sus manos. Esperan que el personal investigador del CIAL les guíe en el descubrimiento de los alimentos, les muestre lo que las ciencias de la alimentación desvela acerca de cómo los sentimos, les ayude a comprenderlos y a diseñar con este conocimiento una alimentación saludable.
Mientras el profesor supervisa la actividad en el Centro de Recursos Educativos de la ONCE en Madrid, un grupo de docentes de la ONCE y personal investigador del CIAL replica las actividades en Barcelona, la segunda sede en la que la Organización celebrado el IV Campus de Biología “Misión Biológica” este fin de semana. En total, más de una decena de investigadores del CIAL se ha implicado en la iniciativa con tres talleres interactivos en los que han participado cuarenta estudiantes afiliados a la ONCE de toda España, el pasado fin de semana. Estos talleres han formado parte de la programación del viernes del campus, que se ha extendido con más actividades durante todo el fin de semana, y, aunque se han realizado con estudiantes con discapacidad visual, han sido diseñados de forma inclusiva para que también sean enriquecedores para alumnado sin esta discapacidad.
El objetivo de las actividades es claro: que los alumnos aprendan a llevar una alimentación saludable y agradable para los sentidos, de forma que incorporen hábitos saludables a su rutina y puedan prevenir enfermedades de gran prevalencia entre los adultos. La responsabilidad es evidente: sin una cuidadosa adaptación de los contenidos, la dificultad añadida puede acabar por sofocar incipientes vocaciones científicas. “La actividad científica puede tener una gran carga visual, para entender ciertos fenómenos hay que observarlos”, apunta Muñoz Carenas, quien explica que los centros a los que acuden los estudiantes no siempre tienen medios para superar la dificultad. “La idea es favorecer el gusto por las ciencias y darles herramientas y experiencias que posiblemente no tengan en sus centros”, subraya el profesor.
El investigador David Villanueva ayuda a crear un ‘snack’ saludable.
Con esos objetivos en mente, el personal investigador del CIAL ha adaptado tres talleres fundamentales. El primero de ellos, bajo el título “Exploradores de los sentidos”, ha dibujado un completo recorrido por la percepción, explicando cómo los sentidos nos descubren los alimentos a través de característicos crujidos, aromas sorprendentes o texturas irrepetibles. Gracias a las actividades prácticas llevadas a cabo, los asistentes se han iniciado en la percepción sensorial de los alimentos y han aprendido a relacionarlos con sensaciones, emociones y recuerdos. No es un conocimiento anecdótico; ya sea por factores genéticos, culturales o biográficos, entre otros, la precepción de los alimentos influye notablemente en las elecciones alimentarias que hacemos, convirtiéndose así en factores muy relevantes en la formación de hábitos saludables.
Pero la percepción sensorial no explica todas las elecciones. Lo sabe bien cualquiera que tenga alergia a algún alimento o que haya participado en la actividad “Mi compra sin alérgenos”, el segundo taller impartido en este campus de ciencias. En un supermercado simulado, los participantes se enfrentaron a la difícil tarea de comprender las etiquetas de los productos alimentarios y sortear los ingredientes alergénicos que se esconden en todo tipo de productos. Con la ayuda de investigadoras del CIAL y etiquetas en braille, los estudiantes aprendieron qué es la alergia alimentaria, por qué es importante tenerla en cuenta incluso cuando uno no es alérgico y cómo identificar los alérgenos presentes en los alimentos. También recibieron información acerca de cómo reaccionar ante un caso de alergia y los recursos disponibles para detenerlo, como EpiPen.
Para el tercer taller, el personal investigador del CIAL adscrito a la UAM dejó las aulas universitarias para ayudar a los estudiantes del centro de Madrid a comprender qué son los macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas) y los micronutrientes (vitaminas y minerales), un conocimiento básico para diseñar una dieta equilibrada. En Barcelona, investigadoras del CISC desarrollaron la misma tarea. Una vez claros estos conceptos básicos, los profesores dieron un paso más en la lectura de las etiquetas de los productos alimentarios al introducir el enfoque crítico, que permite distinguir los alimentos saludables de los que no lo son tanto y entender conceptos avanzados como el de alimento funcional. Para poner en práctica lo aprendido y hacer justicia al título del taller, “Crea tu supersnack saludable”, los alumnos dieron forma a lo aprendido en forma de snack en el que decidieron qué entraba y qué se quedaba fuera del plato. Con ello aprendieron que una buena combinación de yogur con fruta siempre puede ser tan sabrosa como una merienda de zumo envasado con galletas, pero que la segunda nunca será igual de saludable.