PFAS: el reto de los “químicos eternos” para la industria alimentaria

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Fuente: CTNC
Lugar: Noticias
La nueva regulación europea sobre envases ya está en aplicación y sitúa a los PFAS en el centro de la conversación sobre seguridad alimentaria, sostenibilidad e innovación. Para la industria, el reto no es solo cumplir la normativa: es encontrar alternativas seguras y funcionales.



Los PFAS, siglas en inglés de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, son una amplia familia de sustancias químicas que durante décadas han encontrado aplicaciones en numerosos sectores gracias a unas propiedades muy particulares: resistencia al agua, a las grasas, a los aceites y a determinadas condiciones de temperatura.



Estas características también explican su utilización en algunos materiales y recubrimientos destinados al contacto con alimentos, especialmente cuando se necesitan propiedades de barrera frente a grasas y humedad.



El problema es que muchos PFAS presentan una elevada persistencia. Debido a la gran estabilidad de los enlaces carbono-flúor, algunas de estas sustancias pueden permanecer durante largos periodos en el medio ambiente y acumularse en los organismos. Por ello, se han popularizado como “químicos eternos”.



Y ahora, además de ser una cuestión científica y ambiental, los PFAS se han convertido en una cuestión regulatoria y empresarial de primer orden.



¿Por qué preocupan los PFAS en alimentación?



La exposición humana a PFAS puede producirse por diferentes vías, entre ellas la alimentación. La EFSA ha evaluado los riesgos asociados a estas sustancias y, en 2020, estableció una ingesta semanal tolerable de grupo de 4,4 nanogramos por kilogramo de peso corporal por semana para la suma de PFOA, PFNA, PFHxS y PFOS. La evaluación identificó la reducción de la respuesta inmunitaria a la vacunación como uno de los efectos críticos considerados.



Los PFAS pueden llegar a los alimentos desde el medio ambiente, pero también existe interés en estudiar su posible presencia y migración desde determinados materiales utilizados en la cadena alimentaria.



Por este motivo, la investigación científica y la vigilancia de su presencia resultan fundamentales para conocer los niveles de exposición y poder establecer medidas de gestión del riesgo basadas en evidencia científica.



La regulación europea da un paso decisivo



La actualidad de los PFAS está directamente relacionada con la entrada en aplicación del Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases (PPWR).



Desde el 12 de agosto de 2026, los nuevos requisitos del Reglamento comenzaron a aplicarse en la Unión Europea, incluyendo restricciones específicas para los PFAS presentes en envases destinados al contacto con alimentos. Los envases que superen los límites establecidos no pueden comercializarse en el mercado europeo.



La Comisión Europea señala que estas medidas buscan reducir la exposición a PFAS y su liberación al medio ambiente. Entre las aplicaciones históricas de estas sustancias en envases se encuentran determinados recipientes para comida preparada, envoltorios, papeles para productos de panadería, bolsas para palomitas de microondas o cajas de pizza, donde sus propiedades repelentes de agua y grasa resultaban especialmente útiles.



La Comisión publicó además en marzo de 2026 orientaciones específicas para facilitar a empresas y autoridades la aplicación de las nuevas restricciones.



Del cumplimiento normativo a la innovación



Para la industria alimentaria y del envase, esta evolución plantea una pregunta fundamental:



¿Cómo mantener las prestaciones de un envase sin utilizar sustancias PFAS?



La respuesta no consiste simplemente en sustituir un compuesto por otro.



Un nuevo material debe demostrar que puede proporcionar las propiedades necesarias para proteger el alimento, mantener su calidad y vida útil y, al mismo tiempo, cumplir los requisitos de seguridad alimentaria y sostenibilidad.



Esto implica estudiar aspectos como:




propiedades barrera frente a grasas, agua y oxígeno;



estabilidad del material durante el almacenamiento;



posible migración de sustancias al alimento;



interacción entre envase y producto;



comportamiento durante el procesado;



reciclabilidad y fin de vida;



seguridad de las sustancias utilizadas como alternativas.




Por tanto, la sustitución de PFAS constituye un reto multidisciplinar de I+D+i.



La investigación como herramienta para anticiparse



La entrada en aplicación de nuevas exigencias regulatorias convierte la investigación aplicada en una herramienta estratégica para las empresas.



Antes de introducir un nuevo material o formato de envase en el mercado, es necesario conocer su comportamiento y demostrar que cumple las condiciones necesarias para su utilización.



En este proceso adquieren especial relevancia los ensayos analíticos, los estudios de migración, la caracterización de materiales y los estudios de vida útil.



También resulta fundamental disponer de metodologías analíticas capaces de detectar concentraciones muy bajas de estas sustancias y generar datos fiables que permitan tomar decisiones.



La propia Comisión Europea está impulsando medidas destinadas a favorecer la innovación y la sustitución de PFAS por alternativas más seguras, especialmente para facilitar la transición de las pequeñas y medianas empresas.



¿Qué supone para las empresas alimentarias?



La nueva situación normativa hace recomendable que las empresas revisen de forma preventiva su cadena de suministro y, especialmente, la información disponible sobre los materiales que utilizan.



Entre las actuaciones que pueden resultar de interés se encuentran:



1. Revisar las especificaciones de los envases.Conocer la composición y las características de los materiales utilizados permite detectar posibles puntos críticos.



2. Solicitar información a los proveedores.Las declaraciones y documentación técnica de los materiales son una herramienta importante para demostrar el cumplimiento de los requisitos aplicables.



3. Evaluar analíticamente los materiales cuando sea necesario.La documentación debe complementarse, cuando proceda, con ensayos que permitan verificar el cumplimiento de los límites establecidos.



4. Investigar alternativas.La sustitución debe considerar no solo la ausencia de PFAS, sino también la funcionalidad, seguridad y sostenibilidad del nuevo material.



5. Validar el comportamiento del nuevo envase.Un cambio de material puede modificar la conservación del alimento, por lo que resulta necesario evaluar su impacto sobre la calidad y la vida útil.



El papel de los centros tecnológicos



La transición hacia envases más seguros y sostenibles requiere conectar la investigación con las necesidades reales de las empresas.



En este contexto, los centros tecnológicos pueden actuar como puente entre conocimiento científico, desarrollo tecnológico y aplicación industrial, ayudando a las empresas a evaluar materiales, desarrollar alternativas y validar nuevas soluciones.



El Centro Tecnológico Nacional de la Conserva y Alimentación (CTNC) trabaja en investigación, desarrollo e innovación para mejorar la competitividad de la industria agroalimentaria. Entre sus capacidades se encuentran los servicios de analítica, seguridad alimentaria, envases, estudios de vida útil y desarrollo y escalado de nuevos productos y procesos.



Esta combinación de capacidades permite abordar los nuevos retos regulatorios desde una perspectiva integral: desde la caracterización y análisis hasta la validación de nuevos materiales y soluciones de envasado.



PFAS: un reto regulatorio, pero también una oportunidad



La restricción de PFAS representa un cambio importante para determinados segmentos de la industria del envase alimentario. Sin embargo, también puede convertirse en una oportunidad para acelerar el desarrollo de materiales más seguros, sostenibles y adaptados a las necesidades de la economía circular.



El objetivo no debe ser únicamente sustituir una sustancia restringida. El verdadero desafío consiste en desarrollar soluciones alternativas que mantengan la seguridad y funcionalidad del envase y, al mismo tiempo, reduzcan su impacto ambiental.



La ciencia y la innovación tienen aquí un papel esencial.



Porque la seguridad alimentaria del futuro no depende únicamente de lo que ponemos en el alimento, sino también de cómo lo procesamos, cómo lo conservamos y con qué materiales lo protegemos.



En CTNC, investigamos para avanzar



La evolución de la normativa sobre PFAS es un ejemplo de cómo un conocimiento científico sobre los riesgos de determinadas sustancias puede transformarse en nuevas exigencias para la industria y, al mismo tiempo, generar nuevas oportunidades de innovación.



Anticiparse a estos cambios, evaluar los materiales y desarrollar alternativas seguras será clave para que las empresas agroalimentarias puedan afrontar con garantías los nuevos retos regulatorios.



En CTNC ponemos nuestras capacidades de I+D+i, analítica, envases y estudios de vida útil al servicio de esta transición.