El papel de los fondos europeos en la transformación de nuestras ciudades

Fecha de publicación: --
Fuente: EuroVértice
Lugar: Desarrollo urbano
El Octubre Urbano nos invita a reflexionar sobre lo que la política de cohesión ha supuesto para las ciudades españolas y sobre la importancia de mantener la dimensión urbana y territorial en el futuro de Europa.



Durante las últimas décadas, los fondos europeos han contribuido de manera decisiva a transformar nuestras ciudades. La regeneración de barrios, la movilidad sostenible, la mejora del espacio público o la eficiencia energética son solo algunos ejemplos de una inversión que ha permitido trasladar los grandes objetivos europeos a actuaciones concretas y visibles para la ciudadanía.



El FEDER ha sido especialmente importante en este proceso, no solo por los recursos movilizados, sino por introducir una forma diferente de abordar el desarrollo urbano: planificar antes de invertir, integrar políticas y trabajar con una visión de ciudad a medio y largo plazo.



En España, las EDUSI fueron un paso importante en este sentido, al vincular las inversiones a estrategias integradas que ayudaron a los municipios a identificar sus retos y convertirlos en proyectos. Es un camino que continúa en el periodo 2021-2027 con los Planes de Actuación Integrados (PAI), reforzando el protagonismo de las autoridades locales y la dimensión territorial de las inversiones.



La experiencia acumulada demuestra que la política de cohesión no solo transforma físicamente nuestras ciudades, sino que también mejora su capacidad para planificar, coordinar políticas y generar una transformación real.



En este Octubre Urbano, la reflexión resulta especialmente oportuna. El Informe 2026 del Comité Europeo de las Regiones vuelve a poner sobre la mesa retos como la vivienda, la desigualdad, los cambios demográficos o la adaptación al cambio climático. Son desafíos europeos que, en buena medida, terminan teniendo que resolverse en la escala local.



Mirando al próximo periodo



Ante la negociación del Marco Financiero Plurianual 2028-2034, el debate sobre el futuro de la cohesión no debería centrarse únicamente en cuánto dinero habrá disponible, sino también en qué papel tendrán las ciudades y los territorios en la definición de sus prioridades e inversiones.



La experiencia de las últimas décadas ha demostrado el valor de partir de las necesidades del territorio y traducirlas en estrategias y proyectos. Por ello, cobra especial significado la reivindicación de mantener financiación específica para el desarrollo urbano y reforzar el papel de las ciudades en su programación.



Al mismo tiempo, el debate se está ampliando hacia cuestiones que afectan directamente a la vida cotidiana, como la vivienda, el acceso a los servicios y las oportunidades. En el ámbito rural, el Comité de las Regiones ha incorporado el denominado derecho a permanecer, vinculado a la posibilidad de desarrollar un proyecto de vida en el territorio elegido.



Estas cuestiones apuntan hacia una política de cohesión cada vez más vinculada a las necesidades concretas de la ciudadanía. Porque detrás de la arquitectura de los fondos está la capacidad de un municipio para pasar de una necesidad a un proyecto y de un proyecto aislado a una transformación más amplia.



La experiencia de los últimos periodos demuestra precisamente el valor de una política europea capaz de combinar grandes objetivos comunes con respuestas adaptadas a cada territorio. Porque la política de cohesión no es únicamente financiación: es también capacidad para planificar, transformar y generar oportunidades desde lo local.



Y esa experiencia debería estar muy presente a la hora de decidir cómo será la política de cohesión después de 2027.
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