Fecha de publicación:
--
Fuente:
Agencia SINC
Lugar:
Tierra
En los primeros meses de la pandemia de COVID-19, muchos hogares desinfectaban los alimentos de la compra antes de guardarlos. La incertidumbre sobre las vías de transmisión del virus llevó a extremar las precauciones, en un intento de reducir el riesgo de contagio.Un estudio de la Universidad de California en San Diego (EE UU) sugiere que esta respuesta ante las amenazas de enfermedad no es exclusiva de los humanos.Los investigadores han observado que los macacos que habían vivido un brote de una enfermedad mortal mostraban una mayor cautela ante alimentos situados sobre superficies que parecían contaminadas con heces, pese a que el virus responsable del brote se transmitía mediante mordeduras y arañazos.Los resultados, publicados hoy, indican que la experiencia puede influir en las conductas de evitación de posibles fuentes de infección. Además, aportan nuevas pistas sobre los mecanismos evolutivos que podrían estar en el origen del asco humano."No creemos que los macacos tuvieran un conocimiento explícito ni comprendieran cómo se propaga la enfermedad. Investigaciones anteriores ya habían documentado que los primates —por ejemplo, los macacos, los chimpancés y los bonobos— evitan comer alimentos que se encuentran sobre superficies que parecen contaminadas, como aquellas que contienen heces", dice a SINC Stephan Kaufhold, que dirigió el estudio durante su etapa como investigador doctoral en Ciencias Cognitivas en la universidad estadounidense.
No creemos que los macacos tuvieran un conocimiento explícito ni comprendieran cómo se propaga la enfermedad
Stephan Kaufhold, Universidad de California
Sin embargo, evitar ciertos alimentos también implica un sacrificio. Si un animal evita demasiadas cosas, pierde oportunidades de alimentarse; si no evita lo suficiente, aumenta el riesgo de enfermar o contraer parásitos.La evitación de señales asociadas a enfermedades y parásitos, como las heces, forma parte de lo que los investigadores denominan sistema inmunitario conductual.Sistema inmunitario conductualEl estudio, publicado en la revista Royal Society Open Science, aporta nuevos datos sobre lo que los científicos denominan "sistema inmunitario conductual": un conjunto de comportamientos que ayudan a los animales a evitar infecciones antes de que tenga que intervenir el sistema inmunitario del organismo.
Ahora podemos demostrar que esto también ocurre en los primates no humanos
Federico Rossano, Universidad de California en San Diego
"Ahora podemos demostrar que esto también ocurre en los primates no humanos", afirmó Federico Rossano, profesor asociado del departamento de Ciencias Cognitivas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de California en San Diego y autor principal del estudio."Incluso sin saber cómo se transmiten las enfermedades, la exposición a otros individuos que enferman y mueren modifica la probabilidad de adoptar comportamientos que pueden aumentar el riesgo de enfermar", añade.Brote mortal y experimento naturalLa investigación surgió a raíz de un acontecimiento inesperado en un santuario de primates del sur de Texas, donde los científicos realizan estudios sobre el comportamiento animal.El santuario alberga varios grupos de macacos japoneses descendientes de ejemplares trasladados desde Japón a Texas en 1972. Como los grupos viven en recintos separados, los investigadores tuvieron una oportunidad excepcional de comparar animales con antecedentes similares que habían vivido en entornos sociales y epidemiológicos diferentes.En 2020, el personal detectó el retrovirus simio de tipo II, capaz de provocar una inmunodeficiencia similar al sida, en algunos grupos de macacos japoneses del santuario.El virus se transmitía principalmente mediante mordeduras y arañazos y causó enfermedades graves y la muerte de algunos animales. Para contener el brote, el santuario separó los grupos y aplicó estrictas medidas de detección y cuarentena.
El virus se transmitía principalmente mediante mordeduras y arañazos y causó enfermedades graves y la muerte de algunos animales
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Esta situación dio lugar a un experimento natural poco habitual: tres grupos habían estado expuestos al brote y uno no.Los investigadores realizaron pruebas con 55 macacos para observar cómo reaccionaban ante dos opciones: alimentos colocados sobre una superficie de madera limpia y alimentos situados sobre otra cubierta con heces de macaco, selladas bajo una capa de resina epoxi transparente. Así se mantenían las señales visuales de contaminación, pero se eliminaban el olor y el riesgo de infección.Dentro de los grupos expuestos al brote, algunos animales se habían infectado, mientras que otros habían convivido con monos enfermos sin contraer el virus. Esto permitió investigar si haber vivido un brote, incluso sin enfermar, podía modificar su comportamiento.La cautela depende de la experienciaEn algunos ensayos, los investigadores sustituyeron la superficie limpia por una esponja de cocina de colores llamativos para comprobar si los macacos simplemente evitaban los objetos desconocidos.
Estudios anteriores habían demostrado que estos primates no siempre rechazan los alimentos contaminados si la recompensa merece la pena
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Estudios anteriores habían demostrado que estos primates no siempre rechazan los alimentos contaminados si la recompensa merece la pena. Por ejemplo, los macacos japoneses salvajes podían comer cacahuetes colocados sobre superficies cubiertas de heces, pero evitaban esas mismas superficies cuando se les ofrecían alimentos menos apreciados, como granos de trigo.Sin embargo, los investigadores observaron que los macacos de los grupos que habían vivido el brote eran mucho menos propensos a comer de la superficie contaminada. Lo hicieron en solo el 47 % de los ensayos, frente al 79 % registrado entre los animales del grupo que no había estado expuesto al brote.Además, los macacos de los grupos expuestos se comportaron de forma similar con independencia de que se hubieran infectado o no. Esto sugiere que el cambio de conducta estaba relacionado con haber vivido el brote, y no con haber padecido la enfermedad."Los grupos tienen una historia, y esa historia se refleja en su comportamiento. Haber vivido el brote parece haber hecho que estos grupos de monos sean más cautelosos ante los alimentos que parecen contaminados", afirma Kaufhold. Las diferencias no se deben al azarHay dos motivos por los que las diferencias preexistentes entre los grupos constituyen una explicación menos probable.En primer lugar, todos los grupos descienden del mismo grupo original y viven en las mismas condiciones ecológicas.
Todos los grupos descienden del mismo grupo original y viven en las mismas condiciones ecológicas
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En segundo lugar, dentro de los grupos expuestos al brote, los animales que nunca se infectaron se comportaban de manera muy similar a los que sí se infectaron."Consideramos poco probable que el brote simplemente eliminara a los individuos menos cautelosos, ya que el virus se propagaba principalmente a través de mordeduras durante interacciones agresivas y muchos monos infectados sobrevivieron sin presentar síntomas", asegura Kaufhold.El papel del aprendizaje socialEl aprendizaje social es una posible explicación de las diferencias observadas entre los grupos. Ver cómo otros miembros del grupo enfermaban y morían podría aumentar la percepción del riesgo de enfermedad y hacer que los animales actuaran con mayor cautela en general.En consonancia con esta hipótesis, los animales no infectados de los grupos expuestos mostraban tanta cautela como los infectados. Sin embargo, los expertos consideran que esta comparación es exploratoria, debido al reducido tamaño de la muestra de animales expuestos cuyo resultado en las pruebas diagnósticas fue negativo."Sabemos que muchos primates, incluidos los macacos, aprenden gran parte de lo que comen y cómo hacerlo observando a otros individuos. Por tanto, sería plausible que una mayor cautela se extendiera por el grupo mediante el aprendizaje social", recalca Kaufhold.El científico espera poder estudiar el papel del aprendizaje social en el futuro, "observando si los nuevos animales que se incorporen a estos grupos adoptan el mismo nivel de cautela, siempre que esta mayor sensibilidad a los patógenos tenga efectos duraderos", señala.La crianza influye en la respuesta Los investigadores también encontraron una relación entre la evitación de patógenos y las experiencias durante las primeras etapas de la vida.En otro experimento incluido en el mismo artículo, estudiaron a 54 macacos de siete especies con distintos antecedentes de crianza: animales nacidos en santuarios, ejemplares utilizados anteriormente en investigaciones de laboratorio, macacos nacidos en zoológicos y antiguos animales de compañía.Los resultados mostraron que los macacos criados como animales de compañía, que habían crecido con humanos en lugar de estar al cuidado de otros macacos, tenían una probabilidad significativamente mayor de comer alimentos contaminados que aquellos nacidos en santuarios y criados por sus madres.
Los resultados mostraron que los macacos criados como animales de compañía tenían una probabilidad significativamente mayor de comer alimentos contaminados
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"Es posible que estos monos no tuvieran la oportunidad de aprender de sus madres y de otros macacos las conductas habituales para evitar la contaminación durante las primeras etapas de su vida", explicó Kaufhold. "Incluso después de convivir varios años con otros monos, esas experiencias tempranas pueden seguir influyendo en su respuesta ante posibles fuentes de enfermedad".Los autores plantean que el aprendizaje de estas conductas podría depender, al menos en parte, de la interacción con otros individuos de la misma especie. No obstante, los resultados muestran una asociación entre los antecedentes de crianza y el comportamiento, pero no permiten determinar por sí solos qué experiencias concretas explican las diferencias.Los hallazgos subrayan la importancia de las experiencias tempranas y del entorno social en el desarrollo de conductas que pueden ayudar a evitar patógenos.La evolución del ascoLos investigadores creen que el asco evolucionó como un mecanismo de protección frente a los patógenos. Sin embargo, también puede activarse de forma inadecuada ante cosas que en realidad no son peligrosas."Nuestro estudio amplía lo que sabemos sobre la evitación de patógenos en los primates al demostrar que estos animales no solo evitan los alimentos contaminados, sino que la intensidad de sus reacciones ante estas señales puede cambiar en función de sus experiencias, como haber estado expuestos a un brote de una enfermedad infecciosa o las condiciones en las que fueron criados", apunta Kaufhold.
Creemos que esto apunta a un aumento general de la cautela, más que a una evitación específica o a una comprensión de la verdadera vía de transmisión del virus
Stephan Kaufhold
El virus estudiado se transmitía mediante mordeduras y arañazos, no a través de los alimentos ni de las heces. Aun así, los grupos de macacos que habían vivido el brote mostraban una mayor cautela ante alimentos situados sobre superficies que parecían contaminadas con heces."Creemos que esto apunta a un aumento general de la cautela, más que a una evitación específica o a una comprensión de la verdadera vía de transmisión del virus", continúa el investigador.Este resultado guarda similitudes con estudios previos que observaron un aumento de la sensibilidad al asco durante la pandemia de COVID-19. Este incremento también se extendió a estímulos que no estaban relacionados con la forma en que se transmitía realmente el virus.En los humanos, el asco desempeña una función importante en la protección frente a los patógenos. Sentimos repulsión ante las heces, los alimentos en mal estado y otras posibles fuentes de infección. Sin embargo, nuestra sensibilidad a estas señales puede variar según las circunstancias.Los resultados del estudio sugieren que algunos de los mecanismos que intervienen en estas respuestas podrían ser anteriores a nuestra especie y compartirse con otros primates.
Epidemias y comportamiento a largo plazoUn ejemplo de cómo una epidemia puede asociarse a cambios duraderos en el comportamiento de los primates procede de un estudio de Sapolsky y Share (2004).Estos investigadores observaron una comunidad de babuinos en la que un brote de tuberculosis acabó con la vida de los machos más agresivos y menos sociables.Tras este episodio, el grupo desarrolló una dinámica social más pacífica, caracterizada por un mayor acicalamiento social y una menor agresividad. Los nuevos machos que se incorporaron a la comunidad años después también adoptaron estas pautas de comportamiento.En aquel caso, el cambio se relacionó con la desaparición de determinados miembros del grupo, una explicación distinta de la que plantean los investigadores para los macacos.En el estudio actual, los resultados apuntan a que la experiencia de convivir con un brote podría estar asociada a una mayor cautela, incluso entre los animales que no se infectaron.Como los primates pueden aprender observando a otros individuos, los investigadores plantean que esta cautela podría extenderse dentro del grupo mediante el aprendizaje social.Futuros estudios permitirán comprobar si los animales que se incorporan a estos grupos adoptan las mismas conductas y si la mayor sensibilidad ante posibles fuentes de infección se mantiene a largo plazo.
Referencia:Stephan P. KaufholdCorresponding Author, Amanda Goguen;Kyliegh Viano; Federico Rossano. "Las experiencias tempranas y la exposición a enfermedades influyen en la conducta de evitación de patógenos en los macacos". Royal Society Open Science