IA en salud: la tecnología al servicio del bien común

Fuente: Asociación Empresas Consultoría
Lugar: Sanidad
El desarrollo actual de la inteligencia artificial encuentra uno de sus principales campos de trabajo en el sector salud, donde la aplicación de estas herramientas puede suponer importantes avances tanto en atención sanitaria como en investigación.



Uno de los campos donde mayor impacto está teniendo la inteligencia artificial es en el sector salud. No es de extrañar: el potencial es mejorar la salud y la vida humana, bien directamente, a través de nuevas herramientas médicas, bien indirectamente, mediante la dotación de tecnología inteligente a quienes se ocupan de su cuidado. De acuerdo a un informe de la Organización Mundial de la Salud de 2025, un 72% de países europeos estaba ya en negociaciones para aplicar IA de alguna forma en su sistema de salud. De los restantes, más de la mitad tenían planes para hacerlo en un futuro. De acuerdo al World Economic Forum, la inversión privada global en IA en medicina y atención sanitaria alcanzó en 2024 los 9.330 millones de dólares, lo que da una perspectiva del atractivo de su aplicación.



“La IA va a tener un avance inexorable en el ámbito de la salud”, asevera Juan Carlos Oliva Pérez, director gerente de la Fundación Rioja Salud, que atribuye este recorrido a un factor clave: el tiempo, desde una doble variable: “tiempo para aprender y para atender”. Esto es, el que necesita el personal médico para dominar su profesión, pero también el que se añade a unas vidas cada vez más longevas, “sinónimo de cronicidad y pluripatología, y presión asistencial”. Retoma Oliva: “Desde mi punto de vista, [la IA] es un avance inexorable porque el tiempo es el factor limitante de cualquier profesional de medicina”. Eso sí, “en ningún caso la IA va a sustituir a los profesionales de medicina”, matiza, “porque el acto médico lleva asociada la asunción de responsabilidades. Y si eximes a los médicos de la responsabilidad, la estás trasladando hacia arriba, y nadie está dispuesto a asumir la responsabilidad de todos los actos médicos de miles de profesionales”.



Sobre su uso en investigación médica, Oliva remite a la tecnología de AlphaFold, reconocida con el Nobel de Química en 2024 por el uso de IA en el diseño de proteínas con computación calificándolo como “la referencia en este momento constatable de más valor que se ha producido en materia de inteligencia artificial en salud”. “En materia de investigación es fundamental”, afirma, considerando sin embargo que puede ser que se esté dando “un pico de expectativas inflacionadas”. “Al final, la inteligencia artificial no puede salirse nunca del contexto de los datos con los que ha sido entrenada”, lo que implica que “tiene una enorme capacidad para dar respuestas a partir de los datos con los que ha sido entrenada, pero no tiene capacidad para hacer preguntas pertinentes. La investigación siempre parte de hipótesis investigadoras que requieran del planteamiento de una pregunta pertinente”, resume. Esto no implica que no sea “una herramienta de enorme ayuda para la investigación, por estas capacidades para analizar ingentes volúmenes de datos y buscar correlaciones”, “siempre supeditada a que un humano la valide”.



“La IA en salud tiene una enorme capacidad para dar respuestas a partir de los datos con los que ha sido entrenada, pero no tiene capacidad para hacer preguntas pertinentes”, señala Juan Carlos Oliva



Oliva reconoce también la necesidad de tener un control máximo de la información sobre la que trabaja esta IA. Recuerdan desde organizaciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos u OECD o desde la propia Comisión Europea la necesidad de un enfoque múltiple, que garantice tanto la seguridad y gobernanza de los datos, dada su especial sensibilidad, como la ética en su tratamiento. La CE cita otros retos, como el acceso a datos de salud de alta calidad, la garantía de una financiación sostenible, una integración completa en los flujos de trabajo clínicos o, en la línea de Oliva, la creación de un marco sólido que permita a las víctimas reclamar una indemnización a los fabricantes si hay daños causados por el uso de sistemas de IA.



Iniciativas en investigación



España cuenta con varios proyectos dentro de investigación médica en los que se aplica inteligencia artificial al servicio de la salud. Es el caso de la iniciativa de gemelos digitales del cuerpo humano desarrollada en el BSC-CNS, dentro de la cual se engloban el desarrollo de gemelos relacionados con los procesos a nivel celular o de gemelos de órganos, como el que tienen del corazón. Aunque son distintos desde el punto de vista técnico, según explica Alfonso Valencia, director del departamento de Ciencias de la Vida del BSC, desde el que llevan a cabo estos proyectos. “Es otro nivel de solución distinto”: uno atiende problemas a nivel molecular, que pueden estudiar cómo reacciona un tumor a una combinación de fármacos, y con el segundo se apunta a otras casuísticas “más sistémicas”, como una arritmia.



Valencia explica que, aunque el término gemelo digital viene de ingeniería, en el sector salud no tiene que ver: si en el primero está todo muy medido, “cuando intentas hacer un gemelo digital de un humano, no está tan claro”, sintetiza. “Nuestro conocimiento del cuerpo humano es mucho más limitado que el de una factoría”. ¿Qué se hace entonces? “No intentamos resolverlo todo de una vez, porque es materialmente imposible y llevará años. La aproximación científica lógica es dividirlo en partes”. Esto es, coger el cuerpo humano y dividirlo en pequeñas partes que se puedan enfrentar con los instrumentos que se tiene para luego trabajar en cómo ensamblarlas. Con un importante avance: se puede individualizar para introducir los parámetros exactos de la condición de cada paciente. En los ejemplos anteriores, se trata de planear una intervención según la arritmia concreta de esa persona, a partir del modelo general del corazón, o de explorar la respuesta a un tumor concreto. Medicina personalizada de precisión. En este camino, “ahora mismo el tema fundamental es no solo desarrollar estos gemelos digitales, sino combinarlos con inteligencia artificial”.



Para Valencia, el objetivo a largo plazo sería que todos los datos de cada persona estuviesen accesibles, incluso los de dispositivos tipo pulsera o smartwatch. “Toda esa información se va volcando a un sistema, a la red, a un modelo que ya está preparado y que se va adaptando con esos datos”. Se trata de “tener el modelo preparado con la información suficiente, de modo que cuando pasa algo, se le de esa información y rápidamente pueda dar una respuesta adecuada”. “La discusión no es tanto si es posible o no es posible, sino qué tenemos que hacer para que sea real. Para que nos podamos beneficiar del conocimiento de la fisiología, de la genómica, de las imágenes médicas, para hacer este tipo de gemelos digitales que sean útiles para los pacientes”.



La discusión no es tanto si es posible o no es posible, sino qué tenemos que hacer para que sea real”, apunta Alfonso Valencia



Aún en fase inicial está la fábrica de IA especializada en salud que se instalará en el Centro de Supercomputación de Galicia, la segunda de estas iniciativas de la Unión Europea en suelo español tras la instalada, precisamente, en el BSC. Como recuerda Lois Orosa, director científico del CESGA, uno de los principales objetivos de estas fábricas es “ganar soberanía tecnológica en Europa, en este caso en el ámbito de la vida”, a través del desarrollo de “modelos propios europeos de inteligencia artificial”. El proyecto se denomina 1HealthAI, un nombre que es una declaración de intenciones, ya que trabaja no solo en el campo de salud humana, sino también animal y ambiental. Orosa enumera otros objetivos: el impacto en la economía gallega y española de la fábrica, la transferencia del conocimiento del entorno académico hacia el tejido productivo, la formación o la retención y atracción de talento. “Uno de nuestros objetivos es tener continuidad a lo largo de muchos años”, señala. “Para nosotros es una apuesta muy fuerte y queremos hacerlo bien para destacar”.



 La iniciativa está financiado entre la organización EuroHPC JU, el Gobierno de España y la Xunta de Galicia. Liderada por el CESGA y coliderada por el CSIC, en ella están involucradas las tres universidades públicas gallegas, varios centros de investigación de la Red CIGUS, el Hub Europeo de Innovación Dixital DATAlife y el centro tecnológico Gradiant, entre otros. “Entre este consorcio prestaremos una serie de servicios”, explica Orosa, que los enumera: habrá un nuevo supercomputador optimizado para IA, una plataforma experimental para desarrollar nuevas tecnologías, y además se prestarán servicios de apoyo a otras organizaciones. “La prioridad es que este servicio sea para pequeñas y medianas empresas principalmente, pero no está limitado”.



Para Orosa, el de la salud “es uno de los campos con más potencial” para el trabajo con IA. “Hay muchísimas oportunidades, por eso escogimos especializar nuestra factoría en este en este ámbito, porque creemos en su valor estratégico”. Se trata de un área con una gran abundancia de datos, en la que muchas veces falta cierta pericia para acometer iniciativas. “También hay muchos retos, porque estos son datos sensibles, privados, entonces hay que construir una plataforma como corresponde, y para analizarlos necesitamos la infraestructura que ahora nos viene a través de esta factoría y protocolos específicos que se desarrollarán”.



Para Orosa, el de la salud “es uno de los campos con más potencial” para el trabajo con IA



IA en la sanidad pública



Estas iniciativas demuestran el potencial y el camino a seguir, pero la realidad es que hoy en día ya se está integrando IA en los servicios de salud pública. Retoma el discurso Juan Carlos Oliva, quien reseña algunos de los proyectos de Fundación Rioja Salud, como su data lake sanitario Pascal —siglas de Plataforma Analítica de Salud de la Comunidad Autónoma de La Rioja—, sobre el que están desarrollando varias inteligencias artificiales. En el ámbito de la imagen diagnóstica, se está desarrollando una IA que puede hacer un screening en atención primaria a partir de una imagen de la piel, que indica al personal si debe derivar al paciente. Otro ejemplo: una IA pensada para seguir el proceso de personas con problemas de nefrología. “Estamos diagramando todo el proceso asistencial de primaria y hospitalaria, identificando cómo se mueven los pacientes en función de qué decisiones para hacer simulaciones y predecir de qué manera podemos ser más eficientes y más eficaces y tener un diagnóstico más temprano”. También trabajan sobre textos o informes médicos, usando modelos del lenguaje para leer los informes de alta en cardiología y dar soporte a la decisión clínica en escenarios de arteriosclerosis. “El primer ejemplo es de cómo trabajamos sobre imagen. El segundo, el dato de partida es el proceso. El tercero, el dato de partida son los textos libres”.



No es la única administración. Galicia, Asturias, Andalucía… todas están explorando las ventajas de la IA. En España, aunque las competencias en salud están transferidas a las autonomías, el Sistema Nacional de Salud cuenta con una Estrategia de Inteligencia Artificial propia. Además, desde Red.es se han promovido ayudas específicas para la integración de estas herramientas. El margen de beneficio es tan grande que, sin duda, merece la pena la apuesta.



Fuente: Cio



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