Los españoles realizan la mayoría de compras de dulces en el canal alimentación

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Fuente: Finalcialfood
Lugar: Distribución
Los españoles eligen de manera diferente dónde adquirir pequeños caprichos y momentos de disfrute. Los datos del último Informe Anual de Produlce, la Asociación Española del Dulce, muestran que, aunque tradicionalmente asociemos especialmente las chuches al quiosco, cada dulce tiene en realidad una relación muy distinta con el lugar y el momento en el que lo compramos, aunque el canal alimentación suele ser el más elegido para la mayoría de los productos.
En concreto, caramelos y chicles son los que mejor representan la convivencia de ambos mundos y donde más claramente conviven la compra planificada y el pequeño capricho: el 51,7% de las ventas corresponde al canal alimentación y el 48,3% al canal impulso, el reparto más equilibrado de todo el sector del dulce en nuestro país.
Dentro de esta categoría, los caramelos blandos concentran el 75,1% del volumen consumido, muy por delante de los caramelos duros y otros (18%) y los chicles (6,9%). Además, el consumo aparente de la categoría creció un 4,7% en volumen en 2025.
Ese comportamiento ayuda a entender por qué las chuches siguen teniendo tanta presencia fuera de la compra habitual de alimentación: funcionan bien en momentos de consumo rápidos, informales y de conveniencia, pero sin dejar de formar parte de la cesta del hogar.
Bollería y pastelería: entre la compra de casa y la conveniencia
Por su parte, la bollería y pastelería se mueve en un terreno intermedio: el 71,9% de las ventas se realiza en el canal de alimentación y el 28,1% en el de impulso. Una distribución que refleja cómo estos productos conviven tanto con la compra para el hogar como con ocasiones de consumo más inmediatas y prácticas.
Dentro de la propia oferta también están cambiando las preferencias. Aunque la bollería y pastelería sin relleno sigue dominando, las rosquillas han ganado más de cinco puntos de participación en un solo año y representan ya el 17,9% del volumen, reforzando el peso de uno de los formatos más tradicionales.
Ese equilibrio entre compra planificada y consumo más práctico encaja además con un cambio más amplio en los hábitos. NIQ identifica la conveniencia como una de las tendencias que están transformando la alimentación en España y señala que el 40% de los consumidores estaría dispuesto a pagar por disponer de más opciones de este tipo. Un contexto que ayuda a entender por qué ganan relevancia los productos capaces de adaptarse a distintos momentos del día y formas de consumo.
Chocolate: un mismo producto para momentos muy diferentes
El caso del cacao y chocolate merece una fotografía propia. Con un 31,9% del consumo aparente del dulce en valor, es la familia con mayor peso en el mercado y presenta, además, una estructura de compra especialmente diversa.
Así, el 68,8% de las ventas de chocolate se realiza en alimentación, el 19,1% en impulso y el 12,1% a través de otros canales. Una diversidad que también se refleja en los formatos y en las ocasiones de consumo: las tabletas, que lideran con un 31,3% del consumo en valor, conviven con el cacao soluble y el chocolate a la taza (23%), más vinculados al consumo en casa; los snacks (19%), pensados para momentos más inmediatos y sobre la marcha; los bombones (13,6%), asociados al capricho y a ocasiones especiales; y las cremas para untar (13,1%), presentes en desayunos y meriendas.
Galletas y turrones: el dulce que entra en casa a través de la cesta de la compra
En el extremo contrario aparecen productos mucho más vinculados a la compra de alimentación. Las galletas concentran el 93,3% de sus ventas en este canal, frente a solo un 6,7% en impulso, una distribución relacionada con su fuerte identidad de consumo familiar en el hogar.
Sus propias ocasiones de consumo ayudan a entenderlo: la merienda representa el 29,5% del mercado en valor y el desayuno familiar otro 21,3%, mientras las especialidades dirigidas a adultos continúan ganando peso. A ello se suma una oferta cada vez más adaptada a distintos perfiles y preferencias, con variedades vinculadas a la salud y el bienestar que amplían las opciones más allá de la galleta tradicional. Más que una compra ocasional, la galleta aparece así especialmente vinculada a momentos cotidianos y recurrentes.
Los turrones y mazapanes llevan esta concentración todavía más lejos: el 94,3% de sus ventas se produce en alimentación y únicamente el 5,7% en impulso. Su marcada estacionalidad favorece una compra mucho más planificada y vinculada al aprovisionamiento para las celebraciones navideñas.
En conjunto, esta radiografía muestra que no existe una única forma de comprar dulces. Entre unas categorías y otras hay más de 42 puntos de diferencia en el peso del canal impulso: “no existe una única manera de comprar ni de disfrutar de los dulces. Los datos muestran cómo cada producto encuentra su espacio en momentos y hábitos de consumo diferentes, desde la compra para tener en casa hasta opciones más vinculadas a la conveniencia o al consumo sobre la marcha. Esa diversidad permite al sector adaptarse a una vida cotidiana cada vez más flexible y a consumidores que buscan opciones diferentes para cada ocasión”, señala Rubén Moreno, director ejecutivo de Produlce.
 
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